Barcelona, con una situación geográfica privilegiada y con un gran atractivo cultural, arquitectónico y gastronómico, es también un punto de referencia de la Ópera en Europa, ya que acoge a uno de los templos más emblemáticos del mundo y símbolo cultural de la ciudad: el Gran Teatre del Liceu, actualmente es el primer teatro de Europa en formato italiano en número de plazas y el segundo del mundo.

LA ÓPERA EN BARCELONA.

En el siglo XIX, la necesidad de crear un conservatorio de música en una Barcelona en plena expansión económica y demográfica propició en 1838, la conversión de la Sociedad Dramática de Aficionados en el Liceo Filarmónico Dramático Barcelonés deS. M. la Reina Isabel II, que añadía al cultivo del teatro el del canto y la música a la italiana. Su éxito, junto con la voluntad de un grupo de destacados miembros de la burguesía barcelonesa dirigido por Joaquim de Gispert i d’Anglí, llevaron a la construcción de un nuevo y ambicioso teatro, digno de la importancia de la ciudad, que ha perdurado a lo largo de más de un siglo y medio, en el solar del antiguo Convento de los trinitarios de la Rambla.

El 4 de abril de 1847 tuvo lugar la función inaugural con una sinfonía de Joan Melcior Gomis, el drama Don Fernando el de Antequera de Ventura de la Vega, una danza de tipo andaluz titulada Rondeña, del músico Josep Jurch, y una cantata en italiano de Joan Cortada y música de Marià Obiols titulada Il Regio Imene.

Después de una primera etapa en la que la ópera solo representaba una parte de la actividad artística, junto a las abundantes representaciones de teatro hablado y de conciertos y números de variedades, fue convirtiéndose en un prestigioso teatro de ópera.

La primera ópera representada, Anna Bolena de Donizetti, es ya un síntoma del gusto por el bel canto y por el drama romántico italiano del momento (Rossini, Donizetti, Bellini, Verdi, etc.), que ha perdurado en el repertorio a través de los años, junto a la gran ópera francesa (Auber, Meyerbeer, Halévy), actualmente olvidada, y los autores franceses posteriores, como Gounod, Bizet, Massenet o Saint-Saëns, que se han ido manteniendo.

El año 1883 marca la aparición de Wagner, uno de los autores más queridos y valorados por el público del Liceo, que ha dado al Teatro momentos extraordinarios. El Verismo, especialmente en la figura de Puccini, desde finales del siglo XIX, ha sido una escuela muy apreciada, y también, a partir de 1915, la ópera rusa (Mussorgski, Rimski-Kórsakov, Txaikovsky).

Ya en la segunda mitad del siglo XX, el repertorio ha ido concentrándose en los títulos más habituales en todo el mundo, y se han estrenado la práctica totalidad del resto de grandes autores del siglo: Bartók, Honegger, Gershwin, Berg, Janácek, Weill, Shostakovich, Prokofiev, Britten, Schönberg, Hindemith, etc., y se han exhumado autores barrocos y clásicos, como Monteverdi, Händel y Gluck.

Las mejores voces de todos los tiempos, entre las que han destacado las catalanas de Victoria de los Ángeles, Montserrat Caballé, Jaume Aragall o Josep Carreras, así como Enrico Caruso, Maria Callas o Luciano Pavarotti y los mejores directores de orquesta y de la dramaturgia operística han pasado por su escenario.

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